viernes, 31 de julio de 2015

Depilarse es un coñazo



Imagen de Mediatrends
Depilarse es una coñazo. Te lo digo yo que llevo tropecientos años haciéndolo. 

Cuando mi madre se quedó embarazada de mí, querían que fuera un niño. El azar les negó el capricho, pero les consoló con una niña...peluda, que no es lo mismo pero tiene algunos puntos en común. 

Gracias a esta broma del destino me salieron los pelos antes que los dientes. Mi madre le quitaba hierro al asunto diciéndome que era pelusilla, pero yo sabía que mentía piadosamente. Parecía un osezno mellado con coletas

Para paliar mi complejo me compró una crema decolorante que prometía hacer el vello invisible.¡Mentira! seguía pareciendo un osezno - ahora rubio - . Además, como el pelo continuaba creciendo, acabé teniendo mechas californianas en las piernas, un resultado que no era, para nada, el esperado. 

Un día, a la tierna edad de 8 años, me iluminé. Viendo cómo se depilaba mi prima Raquel tuve la genial idea de depilarme yo también

¡Claro que sí, cómo no se me había ocurrido antes!. Así que cogí una cuchilla y empecé a podar, pensando que nadie tendría por qué enterarse, yo acabaría con mi problema y todos contentos.

Hasta que pasados unos días, mi otrora mullido vello se convirtió en escarpias que pinchaban a todo aquél que las rozaba. Mi madre descubrió mi plan y me pidió explicaciones. Escurrí el bulto diciendo que se me habían caído.

Pasaron algunos años hasta que volví a depilarme, esta vez con cera y fue cuando descubrí que depilarse es un coñazo.

Los efectos de la cera son tan maravillosos como efímeros.Tu piel luce como la de un bebé hasta que abandonas el centro donde te has depilado. 

Desde ese preciso instante empiezan a asomar la cabecita pelos insurrectos que estaban enquistados porque no te exfolias (según te ha acusado la esteticién, momento que ha aprovechado para venderte una cremita - ellas hablan así, en diminutivo- que acabaría con el problema).

A este grupo se le suman los pelos que la esteticién obvia deliberadamente. Es humanamente imposible que alguien con ojos no los vea, ¡son como una procesión de hormigas, por Dios! y lo primero que ves tú cuando llegas a casa, resulta increíble que a ella le hayan pasado desapercibidos.  

Así que esa felicidad inicial se va transformando en desilusión. A medida que pasan los días se mezcla con sentimientos de vergüenza y desesperación porque el in pass entre sesión y sesión crea situciones difíciles de afrontar, aunque te agudizan el ingenio.

Me explico. Para hacerte la cera, has de dejarte los pelos largos lo que reduce muchísimo el tiempo en el que puedes exhibir alegremente tus piernas sin avergonzarte de ellas.

A partir de la segunda semana aproximadamente, empiezan a despuntar colectivamente todos los pelitos y tienes que recurrir a faldas largas, pantalones fresquitos o cualquier prenda que pueda disimular tu incipiente pelambrera.

En la tercera semana tus piernas parecen un jardín mal podado y a partir de la cuarta ya son como las piernas del jardinero. Imposible lucir cacha, pero, paradojas de la vida, no son suficientemente largos para que los coja la cera, lo que resulta desesperante.

Y ahí es donde tienes que sacar a relucir tu ingenio para seguir haciendo vida normal en pleno verano conviviendo con tus peletes.

No tienes muchas alternativas, porque la cuchilla está terminantemente prohibida. Así te lo dice la esteticién: "Ni-se-te-ocurra-pasarte-la-cuchilla". Y te lo dice muy seria mientras te mira fijamente a los ojos sin parpadear.

Para el gremio la cuchilla es como el anticristo. Como te rasures y vayas a la siguiente sesión con los pelos de erizo, te tratan mal.  

Soy una chica muy obediente y siempre seguí sus consejos a rajatabla, así que he tenido que pasar gran parte de mis veranos entre faldas largas y pantalones fresquitos. 

Depilarse es un coñazo, esto es así, pero reconozcamos que propicia escenas bastante cómicas. 
  
Para empezar, has de quedarte medio en bolas con tus piernas peludas delante de una chica que quizás acabas de conocer. Mientras con una mano te sujetas la pierna que tienes en alto para que ella pueda depilar todo lo depilable y con la otra te apartas la braguita (recordad, siempre en diminutivo) dejando el potorro al aire para que te haga las ingles, ¡menudo panorama!

Aún así intentas mantener tu dignidad normalizando la situación hablando de cosas mundanas como el tiempo, las vacaciones o lo que viste ayer por la tele. 

Pero ella no te lo pone fácil porque no para de sugerir que eres un puto oso con sus impertinentes preguntitas;  ¿Te repaso el entrecejo?, ¿te hago el labio superior? y ¿ los glúteos?... ¡¡¿Perdona?!! ¡¿insinuas que tengo pelos en el culo?! Mi madre dice que es pelusilla, ¿vale?, un poco de respeto por favor.

A estas alturas tu dignididad ya está en la papelera junto con la banda de cera que acaba de arrancarte los pelos de la zona perineal. En fin... 

Hablando de zonas complicadas, es el turno de nuestras amigas las ingles. Son todo un mundo eh. Cada vez hay más tipos: brasileñas, caribeñas, la línea del bikini, ingle integral...

Recientemente han incorporando uno nuevo que lo secundan las feminitas ortodoxas y las chicas de paises gélidos, son las ingles nórdicas cuya esencia es " déjalas como están que algo abrigarán, prefiero ir abrigada que depilada". No es broma, ahora se lleva la zona "mullidita".

Yo me estreso con tanta opción porque no sé qué las diferencia exactamente. Así que un día simplifiqué y pedí que me las hiciera "entraditas" y acabé como una  Nancy. 

Se me saltan las ágrimas cada vez que me acuerdo. Desprenderme de aquellos pelos fue doloroso. Muy doloroso. Además cuando empezaron a crecer picaban más que una candidiasis.    

Pero todas estas anécdotas forman parte del pasado porque hace unos años descubrí la depilación láser y estoy encantada. 

Obviando la peste a cerdo chumascado que desprendes en cada sesión y los pequeños latigazos que sientes en cada uno de los folículos cada vez que disparan, es todo fantástico. Ahora mi piel luce como la seda incluso en diciembre (mírale las piernas a una chica en diciembre, así sin avisar, ya verás que susto). 

Sobre todo estoy orgullosa de haber acabado mi relación con la cera, me estaba haciendo mucho daño y no avanzábamos. A pesar de los años, yo estaba igual que al principio y ella me pedía fidelidad absoluta. Con el láser está siendo todo más rápido, ojalá lo hubiera conocido antes.

Pero no nos engañemos, ya sea arrancando, rasurando o quemando, depilarse es un coñazo, te lo digo yo que llevo tropecientos años haciéndolo.  


*Agradecimientos: a mi hermana Yolanda por sus ideas y sugerencias.
 






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